YO LA VESTAL
Desterrada de tu presencia, me entrego al rito de amarte entre las horas perdidas que dibujan un tiempo eterno, sueño nocturno que a la luz del día se convierte en pesadilla.
Arrodillada ante el altar de los recuerdos, extasiada en la oración nunca escuchada de mis propios y ajenos anhelos, pedía, suplicaba, y, siempre vencida por el espejo de tu reflejo.
Me encadeno al calor de tu etéreo cuerpo, me sumerjo en el olor que se prende de las sábanas vacías, mis manos vacilan en los caminos perdidos que dejaron las fugases entregas en mi vago recuerdo.
Apareces entre blancos y negros, entre los claros y oscuros de mi propia cofradía, que cantan austeros himnos en honor a la divinidad de que investí a este amor que sigue viviendo en mí sin ningún asidero.
Me convertí en la vestal de tu templo manteniendo vivo el fuego sagrado de tu recuerdo.
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