lunes, julio 20, 2009


PARTE I
No se porque vienes a mi mente, pero ya que llegaste, déjame recordarte. Era la fiesta de quince años de mi tía, por supuesto las niñas no podíamos entrar, pero igual sentada al pie de la escalera te vi, yo tenía, 13 años tú debías andar por los 25, estabas vestido como siempre con Jean, sólo que cargabas un sobretodo largo, una melena que se movía con tu paso, aquellos bigotes de mostacho y tus hermosos ojos verdes. Me llamaste la atención a punto que aquella imagen no se me olvido nunca. Pasaron los años, recién llegaba a los 18 cuando nos volvimos a ver, pero esta vez eras un hombre diferente, yo me había mudado de ciudad, y el destino, la casualidad hizo que la empresa para que laborabas te enviará auditar una de sus sucursales. Allí trabajaba mamá, siendo amigo de mí familia el reencuentro se sello con una cena llena de recuerdos y de alegrías. Tú no te acordabas de mí, sólo era una niña sin ningún interés para ti. Ahora era una mujer y aquel joven desenfadado vestido a la usanza de la época, ya un profesional destacado, algo cambiado por supuesto me descubrió, pasamos todas la noche hablando, y mientras te contaba mis recuerdos, veía en tu cara asombro y diversión. Nos convertimos en buenos amigos, hasta que un día me invitaste a un restaurant, sólo que ese sitio estaba en la montaña, rodeado de neblina y flores. Acepte ¿por qué no? éramos amigos, buenos amigos, la pasábamos bien realmente. Llegamos, dos de la tarde, hacía mucho frió, entramos al sitio y nos percatamos que sus dueños eran un matrimonio de origen Alemán, (mi familia también) el ambiente me era familiar, pedimos brandy para tratar de entrar en calor, nos acomodamos al lado de la Chimenea, y escuchamos un piano que acompaño nuestra conversación y la posterior cena, fue perfecto. No nos percatamos que ya era de noche, cuando salimos de la posada, estaba lloviendo copiosamente, el camino para llegar hasta el auto estaba lleno de lodo, divertidos, y sin pensarlo tomados de la mano bajamos por la pendiente, nos mojamos y resbalamos en el fango y entre carcajadas nos veíamos mojados, llenos de lodo, nada importaba el sentido de gozo estaba presente y ese momento fue mágico. Riendo llegamos hasta el Auto de pronto sentí, que me apoyabas sobre el mismo y colocabas tus labios sobre los míos, beso que devolví la verdad más que por pasión lo hice por diversión, pero volviste otra vez y en ese momento sentí, y al sentir un calor que subía y bordeaba mi cuerpo supe que había comenzado algo nuevo en mi vida. En silencio nos montamos en el Auto, y en silencio con las manos tomadas bajamos la montaña, bajo la lluvia copiosa que nos acompaño durante toda la travesía. Me sentía rara, tal vez asustada y pensaba ahora qué vendría, no se que estaría pasando por tu mente. Así comenzamos, paseos, viajes a la playa, conversaciones interminables, besos ardientes pero sin ir más allá, yo no lo permitía y él lo entendía, que bien la pasábamos. Llego mi época de volver a la Universidad, nos tuvimos que mudar a una ciudad que quedaba a seis horas de distancia, tú amor era fiel, me llamabas todos los días, y todos los fines de semana viajas para verme. De verdad que te quería tal vez en ese momento no sabía cuanto, hoy lo se, Cuando llegue a tercer año de la carrera, me olvide de ti, y me enamore locamente de un profesor, amor que todavía existe, pero que fue un error un tremendo error, si pienso en ti. Llevaba un diario, supongo que algo extraño notaste porque irrespetaste mi privacidad y mientras dormía lo buscaste y leíste lo que allí escribí .

3 comentarios:

miguel dijo...

que hermosas cosas que escribis . gracias por estar y por haberte encontrado . chau besos

bichita23 dijo...

Me encanta Miguel que me visites, las cosas hermosas son hermosas porque estan en tí, seguire estando y gracias a ti también por estar un bonito milagro de los encuentros un beso Miguel y Gracias

Paco Alonso dijo...

Seguro que esos años son muy importantes para ti, pero me fascina tu forma de narrar, entre adulta y colegiala, lo que posiblmente hay encerrado en ti.
Besos de acompañamiento en el fondo de tu alma.