El encuentro marco el ritmo,
no había apremio, sólo ese momento, las horas no pasaban con el tiempo. Las
pupilas dilatadas en un ahnelo irrefrenable pero pausado por el deseo del
disfrute sin límites que solo tú y yo conocemos.
El brillo de tus ojos, la cercanía
de tus manos, el olor de la piel, todo invoco la instintiva pasión que permanecía dormida en mi cuerpo desde el
día de tú partida.
El roce de los labios, seguían pautas de silencio llenos de fervor fueron al encuentro en un beso que se despertó
a fuego lento.
Suavemente sin arrebatos, las
manos despejaron las vestimentas que cayeron lentamente, deslizándose en forma
imperceptible.
En un baile de caricias,
movimientos ondulantes y miradas clandestinas, nos perdimos en el otro, los
pronombres no existían.
La cadencia de nuestros
cuerpos, las caricias improvisadas, acelero la respiración y agito el corazón,
en ese momento el misterio de la pasión
hizo que los cuerpos se unieran haciendo que llegará la primavera, las flores
se abrieran y el milagro:
MIL MARIPOSAS DANZARON A NUESTRO ALREDEDOR







